domingo, 30 de enero de 2011

Cines de Caracas: Venezuela (1935-1945)

Inserto en un trabajo histórico sobre el comercio del cine en Venezuela durante los años 1935-1945, en esta ocasión nos ocuparemos primordialmente de los exhibidores (minoristas) y de la propagación de los cines en Caracas en el lapso mencionado. Reseñaremos asociaciones entre ellos y los distribuidores (mayoristas) para detectar concentraciones de capitales en las dos ramas del trajín. Antes, consideraremos ciertos antecedentes que nos permitan apreciar la situación en los últimos años de tiranía del general Juan Vicente Gómez (1908-1935) y las transformaciones habidas en el proceso de expansión cinematográfica a raíz de su muerte. Aunque no sean tratadas es importante señalar que tales mutaciones coexisten localmente con la promulgación de la Ley Nacional de Censura Cinematográfica en 1941 y con el primer intento frustrado del cine nacional por industrializarse (Acosta: 1999a).
Indudablemente ir al cine era una de las formas más populares de esparcimiento en la Caracas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado. Belisario Delgado, Inspector de Espectáculos Públicos, señala en la Memoria del Gobernador del Distrito Federal (MGDF) que en 1929 funcionan en la capital de Venezuela 17 locales donde se proyectan películas, los llamados teatros -ubicados en el centro de la ciudad- y los cines de barrio.
Los primeros, salas de exclusiva, se encuentran en los alrededores de la Plaza Bolívar, corazón de la vida económica, social y cultural y lugar propicio para el consumo masivo en ciernes. Espacio que comparten, además, con las rancias edificaciones de los teatros Municipal y Nacional, las casas comerciales de importancia, las oficinas públicas y privadas y los pocos restaurantes y cervecerías de prestigio existentes para aquel entonces en Caracas. Por lo general estos cines de estreno (1ª Clase) lanzan una película en exclusiva por semana (jueves y/o viernes) y su promoción abarca el despliegue de carteles en las esquinas de las calles importantes, gacetillas de prensa, hojas sueltas (heraldos) y publicidad a través de la radio. Organizados -o no- en pequeños circuitos poseen gran aforo (más de 1.000 butacas) y elevados precios (Bs. 3 a Bs. 1) en razón de su lujo, comodidad y primicia programática.
Por su parte, los empresarios de los cines de barrio (3ª Clase), que por lo general suelen ser sus propietarios, exhiben las películas en su tercer o cuarto pase a un precio que oscila entre Bs. 1 y Bs. 0,50. Contando con una concurrencia local cautiva, publican su oferta en pequeños avisos al pie de la cartelera de espectáculos de los periódicos, o bien se limitan a colocar un cartel con su programa en el frente del establecimiento. Estos cines, de una sola planta y reducido aforo (menos de 500 butacas), junto a la Iglesia, la botica y la bodega constituyen lugares de socialización importantes que sin duda favorecen el encuentro vecinal.
Entre unos y otros encontramos los cines de 2º Clase (entre 500 y 1000 butacas); estos locales, agrupados -o no- con los de estreno, proyectan las películas en su segundo o tercer pase y la admisión oscila entre Bs. 2,50 y Bs. 0.50. Tales categorías (1ª, 2ª y 3ª), normadas por la Patente de Industria y Comercio, establecen tres tributos distintos a pagar, basados en el número de asientos del local: los primeros pagan por función Bs. 20, los segundos Bs.10 y los de 3ª Clase Bs. 5 (Acosta: 1999b). El ajuste por clase, y dependiendo del estado físico de la sala, determina el valor de las entradas y éstas a su vez se distinguen en diversas modalidades según el día de la semana y la hora de la función. Las tarifas expuestas corresponden a los domingos, días feriados y noches de estreno; estas últimas llamadas Veladas de Gala.
En la Tabla Nº 1, elaborada según MGDF, aparecen los nombres de los 17 locales de proyección en actividad durante 1929. Destacan 3 salones de estreno situados en el centro de la ciudad, Cine Rívoli, Teatro Ayacucho y Cine Rialto, 11 cines dispersos en barrios y poblados que circundan a Caracas y 3 circos donde también se exhiben películas: Teatro Circo Olimpia, Circo Metropolitano y el Nuevo Circo de Caracas. Este último propiedad del coronel Gonzalo Gómez, hijo del Presidente de la República, general Juan Vicente Gómez.

Ayacucho Antímano Baby
Candelaria Catia C. Metropolitano
T. C. Olimpia Nuevo Circo Pastora
Príncipe Recreo Rialto
Rívoli San José San Juan
El Valle La Vega

Tabla Nº 1: Salas de cine en Caracas, 1929

Las tres salas de estreno y el Circo Metropolitano son administradas en 1929 por las Empresas Unidas. En esta potente firma exhibidora, la más importante de la ciudad para el momento, hallamos a Roberto Santana Llamozas como socio del francés Mauricio Sejourne. Habiendo registrado su compañía de espectáculos en 1928, su empresa será administrada por Luis Henrique Muro hasta 1931, momento en que éste deja el cargo para gerenciar directamente el Cine Rialto y más tarde el Teatro Principal, además de ocuparse de la distribución de los materiales de la casas Fox y Pathé. (Sueiro: 2002)
A finales de 1929 dos nuevas salas abren al público, el Teatro Bolívar y El Cine El Dorado, con capacidad para 1.375 y 675 espectadores, respectivamente. Ambas están situadas fuera del nucleo central capitalino antes señalado. El Cine El Dorado se ubica en una zona de expansión al este de la ciudad, en la urbanización El Conde, y en un par de años comienza a anunciarse como “el local preferido por las damas”, implantando por vez primera en la ciudad las funciones continuas de 5 a 11:30 pm. Con esta promoción, la sala propicia un ámbito donde las mujeres, casadas o solteras, pueden asistir sin acompañamiento masculino y sin miedo a malas interpretaciones.
Por su parte el Teatro Bolívar, magnífica sala de 1ª Clase ubicada en una barriada popular al oeste de la ciudad, se destaca por haber instalado el primer aparato de cine parlante en el país. El equipo fue traído por la empresa O. B. Mantell, arrendataria del local en diciembre de 1929. La función del 1º de enero de 1930, considerada una de las primeras de cine parlante presentada en nuestra capital, incluyó en su programa un filme versionado en español, Taberna (A. Boytler, 1929), cortometraje de dos bobinas, hablado y cantado en castellano con sonido sincronizado en disco, producido por la Empire Productions Inc. (Heinink y Dickson: 1999).
En 1930, los hermanos Antonio y Ramón Pimentel añaden a sus diversos negocios la explotación del ramo de espectáculos públicos, y un año después registran la Compañía Anónima Nacional de Cines y Teatros, sociedad que controla sus locales, Teatro Pimentel y Teatro Caracas. El céntrico Pimentel se inaugura en mayo de 1930 y, desde diciembre de ese mismo año, anuncia el empleo de proyectores y sistema sonoro Western Electric, dominando así, a partir de 1931, el área de los estrenos parlantes en la capital junto con el Teatro Principal. En el caso del Teatro Pimentel, contribuye el sólido arreglo de exclusividad que establecen los propietarios con la Metro Goldwyn Mayer (MGM). El Teatro Caracas es inaugurado en 1932 y constituye otra sala de lujo ubicada en una zona de expansión de la ciudad, al este del casco central. A este par de cines se suma en 1936 el Teatro Continental, otra sala de estreno de los Pimentel y de elevado aforo.
Señala Aquiles Nazoa (1987) que tal era la atracción de esas primeras películas habladas en español, proyectadas en los teatros Bolívar y Pimentel de Caracas que, aprovechando el interés despertado por ellas, Radio Caracas Radio instalaba sus micrófonos en las pantallas de los cines para trasmitir en las noches de estreno la banda sonora de los filmes. Fue así, dice el poeta, como el público caraqueño se familiarizó, mientras escuchaba su aparato de radio, con las voces de Rosita Moreno, José Bohr y tantos otros.
Volviendo a nuestra cronología, en 1931 se incorpora a los cines de estrenos el local más chic construido en la Caracas de los años treinta, el Teatro Principal. La sala, anunciada como “el cine preferido de la elite”, era, de hecho, propiedad de miembros de esa misma estirpe: Julio Velutini, José Loreto Arismendi y Ana Teresa de Arismendi de la Plaza. El inmueble, diseñado por Gustavo Wallis, posee varias ventajas a destacar. En principio su muy favorable ubicación en la esquina noroeste de la Plaza Bolívar, a la que hay que sumar la categoría de su edificio y el lujo de sus dependencias. Asimismo, desde la entrada en operación dispone de prestigiosos equipos parlantes, último modelo de la marca Western Electric, como un elemento más de su infraestructura. Este teatro aparece así como la primera sala de la ciudad que cuenta con la tecnología para exhibir películas sonoras y parlantes desde su apertura, convirtiéndose en el cine más lujoso de la ciudad y, junto al Teatro Pimentel, en uno de los pocos que puede dedicarse exclusivamente a las proyecciones sonoras y parlantes. (Sueiro: 2002).
Este moderno teatro, administrado por Luis H. Muro, es inaugurado el 18 de abril de 1931 con la superproducción United Artists, sonorizada con partes dialogadas y títulos en español, Hell´s Angels (1930) de Howard Hughes. La película es interpretada por uno de los sex symbol femeninos de la historia del cine, quien además se convertirá a partir de esta cinta en el prototipo de la rubia platino. Por ver a Jean Harlow, o por dejarse ver, la elite caraqueña pagaría esa noche en la Velada de Gala Bs. 7 por una butaca en palco. El costo del trayecto más largo que puede hacerse en transporte público en la Caracas de aquel entonces es de Bs. 0.25.
En la Tabla Nº 2, elaborada de acuerdo con la MGDF, agrupamos los 14 cines activos en Caracas para 1935.

Empresario y/o dueño Salas
Mariano Rivera Ayacucho
Rodríguez C. Y Gómez Bolívar
Jesús M. Garmendia Candelaria y Dorado
Hnos Pimentel Caracas y Pimentel
Nerio Valarino Circo Metropolitano
J. J. Pesquera Colón
Julio E. Molina Pastora
Luis H. Muro Principal y Rialto
Vicente Gómez Príncipe
J. J. Pesquera San José y San Juan

Tabla Nº 2: Empresarios y salas de cine en Caracas, 1935

Aunque nuevos locales surgen en el intervalo 1929 – 1935, apreciamos que su número disminuye en tres (de 17 a 14). En los suburbios de la periferia caraqueña sólo 5 cines, de los 11 habidos en 1929, logran mantenerse activos luego del trastorno ocasionado por la conversión de las salas del sistema mudo al sonoro; proceso ocurrido en la ciudad entre 1929 y 1934. Los cines de barrio cerrados en 1935 son: Antímano, Baby, Catia, El Recreo, El Valle y La Vega. Además se encuentran inactivos el Cine Rívoli, el Teatro Circo Olimpia y el Nuevo Circo de Caracas. Las razones técnicas y/o económicas de su clausura se pueden inferir: dificultad para adaptar los locales y alquilar patentes sonoras.
A estas alturas ya podemos señalar que durante el lapso 1929 –1935, entre las personas que se ocupan del comercio del cine en Caracas, se encuentran nombres allegados al régimen gomero. Además del mencionado coronel Gonzalo Gómez, y dejando de lado a los dos Gómez reseñados en la Tabla nº 2 sobre los que aún poco sabemos, están Ramón y Antonio Pimentel, ahijados del Presidente de la República e hijos del general Antonio Pimentel, compadre y entrañable amigo del autócrata. En segunda instancia, Roberto Santana Llamozas, compinche de Luis H. Muro y esposo de Belén Gómez; o, lo que es lo mismo, yerno de Juan Vicente Gómez.
En 1935 el grupo de Luis H. Muro proyecta en los dos locales que controla (Cine Rialto y Teatro Principal) 83 y 152 estrenos, respectivamente, lo que representa casi 48% sobre un total de 489 registrados en Caracas. El Teatro Pimentel cierra el mismo año con 150 primicias (30.6%) y el Teatro Ayacucho con 103 (21%). Constatan las cifras que todas las películas que llegan al país durante ese año debutan en alguno de estos cuatro locales, ubicados en los alrededores de la Plaza Bolívar. Espacios propiedad de “los amos del valle” y/o de los favoritos de la tiranía, círculo de admiradores y socios de los “vecinos del norte”.
Las relaciones vinculantes de los empresarios de estas salas de exclusiva con las majors norteamericanas hacen que durante 1935 los filmes estadounidenses ocupen 91% de las pantallas de todo el país (Roffé: 1962). La primera de las majors en instalar una sucursal en Venezuela es la MGM, en mayo de 1931; en junio de 1934 se establece la Fox y en agosto de 1941 la filial de la empresa de J. Kennedy, firma que, además de las cintas RKO, distribuye los materiales de Walt Disney. Un año después, en noviembre de 1942, se instala la Columbia. En octubre de 1946 inaugura oficinas la Paramount, acción que emula la Universal en 1952.
Antes de establecer sus agencias en Venezuela las firmas norteamericanas trabajan con representantes locales. Otras, en el lapso escogido (1935-1945), no llegan a establecer filiales en el país. Entre esos intermediarios está Christian Van der Ree (Warner Bros. y Columbia), Salvador Cárcel y Luis H. Muro (RKO, Paramount y United Artist), Luis Martínez (Universal), Luis E. Pérez (Republic) y Antonio Narváez (Monograph).
Las películas made in USA son exhibidas en Caracas más o menos cuatro meses después de su estreno en Nueva York y, aunque es obvio y hasta un lugar común decirlo, ellas difunden valores y patrones en acuerdo con el american way of life. Una misiva de 1943, enviada por Robert Bottome a Frank P. Corrigan (Embajador de los Estados Unidos en Venezuela) lo señala explícitamente: Aunque es indudable que mucho del material rodado por las compañías norteamericanas es mediocre, aún así, esos filmes muestran, mucho más que otros canales, la forma de vida y el punto de vista de los Estados Unidos en los países latinoamericanos. (1)
El 17 de diciembre de 1935, después de veintisiete años de tiranía, muere Juan Vicente Gómez. A partir de esa fecha las carteleras de los teatros Pimentel y Caracas desaparecen de los periódicos. De acuerdo con datos consignados por Yolanda Segnini (1990), esto ocurre porque los tres cines patrimonio del general Antonio Pimentel son saqueados por las turbas protagonistas de los desórdenes callejeros que estallaron en plazas y calles de Caracas tras la muerte del dictador. Para el momento, el Teatro Continental aún no abría sus puertas.
Con calma y cordura, el general Eleazar López Contreras, fiel Ministro de Guerra y Marina de J. V. Gómez, es designado Presidente de la República para el quinquenio 1936-1941. Luego del luto, los poco más de 2.000.000 de habitantes de Caracas vuelven a la normalidad y los rotativos anuncian la reapertura de los espectáculos públicos. El Teatro Continental y el Teatro Caracas (propiedad de los Pimentel) hacen su apertura el 9 de enero y el 27 de febrero de 1936, respectivamente. Hecho que resulta muy favorable a los intereses expansivos de la Metro Goldwyn Mayer de Venezuela, pues fungirá, por dos años, como arrendataria de las ahora salas: Metro´s Continental y Metro´s Caracas. El otro cine de los Pimentel, el Teatro Pimentel, es restaurado y, a través del diario La Esfera del 2 de junio, se constata que aparece identificado con el nombre de Teatro Coliseo. Gerenciado por Luis H. Muro, es reinaugurado el 9 de julio de 1936.
Nuevos nombres y nuevas firmas pretenden ocultar la presencia de los hermanos Pimentel, conocidos por su cercanía con el fallecido general Gómez. Pero ambos hermanos continuan detrás del Teatro Coliseo hasta 1942, año en que una junta de accionistas, donde ellos representan la mayoría, resuelve la liquidación de la Compañía de Cines y Teatros. También permanecen tras los teatros Continental y Caracas. Estas dos salas son reagrupadas doce años después, en 1954, en la Sociedad Anónima Continental y Caracas que, con un capital de 5 millones de bolívares, presenta como únicos accionistas a Ramón y Antonio Pimentel.
Volviendo a 1936, el “aristocrático” Teatro Ayacucho, propiedad de Vicente Vallenilla Lecuna, recobra presencia y aparece bajo la tutela de una nueva empresa administrada por Mariano Rivera, personaje que se había iniciado en el negocio del cine en 1933 como cajero del mismo local; así lo señala la columna “El Empresario”, aparecida en agosto de 1945 en la revista Mi Film.
De los catorce cines activos en 1935 pasamos a treinta en 1940 y a más de cuarenta en 1945; esta cifra, según Alfredo Roffé (1999), seguirá en ascenso hasta los años sesenta. Así como aumentan la cantidad de cines, se duplican los estrenos de películas (de 350 a 715) en el intervalo de los cinco años entre 1933 y 1938.
Por otro lado, una información del Encargado de Comercio de los Estados Unidos señala que a partir de 1937 comienzan a desarrollarse las producciones cinematográficas mexicanas y argentinas, indicando al mismo tiempo que la participación norteamericana en Venezuela desciende, en el total nacional exhibido, de 91% en 1935 a 45% en 1938 (Roffé: 1962). Ante tal baja en las preferencias del público por las producciones norteamericanas, desplazamiento que pudiéramos explicar por razones idiomáticas -además de razones de gusto- los exhibidores y/o distribuidores locales expanden su negocio para obtener las películas habladas en castellano y atraer a la gran masa iletrada. El porcentaje de analfabetismo de la población alcanza casi 50% en 1938.
A partir de este momento, Salvador Cárcel y Luis H. Muro (Cárcel & Muro S.A.), además de ser agentes exclusivos de RKO, United Artist y Paramount, se ocupan de la distribución, bajo contrato, de cintas mexicanas y argentinas y luego, hacia 1945, su sociedad se integra a la firma puntal de la “época de oro” del cine mexicano, Clasa Films Mundiales. Vicente Blanco (Vicente Blanco & Cía) cuenta en exclusiva, y bajo contrato, con los materiales argentinos producidos por la empresa Sono Films, a la cual está asociado, además de encargarse de las películas producidas por los estudios SIDE y Pampa Films. Diligencias para obtener los materiales hablados en castellano también emprenden el agente de la Universal, Luis Martínez (La Casa del Exhibidor); el representante de la Republic, Luis E. Pérez; el apoderado de la Monograph, Antonio Narváez (Cinematográfica Caracas); el mexicano Joaquín Martín (Internacional Films) y Alejandro D´Empaire (Selecciones Multicolor). Esto, por sólo citar a los comerciantes más destacados.
De nuevo a la cronología y a la propagación de los cines en Caracas, en 1939, a una cuadra de la Plaza Bolívar y a un costo de más de 1 millón de bolívares (Bs. 1.210.000), Manuel Fonseca, Francisco Raffali y Gustavo Zing hijo edifican el Teatro Ávila. Este local, administrado por Joaquín Martín, será prontamente el más importante cine de exclusiva del centro de la ciudad. Un año después (1940), Vicente Vallenilla Lecuna, dueño del Ayacucho, restaura su viejo local e inaugura el Teatro Boyacá; con 1.400 butacas, este cine es el más flamante y amplio local del momento ubicado en la Urbanización El Conde. Aún en 1940, M. Peña reconstruye y reinaugura el Teatro Capitol, emplazado en los alrededores de la Plaza Bolívar; el local es administrado por Luis E. Pérez. Apreciamos que los inversionistas propietarios de los cines de 1ª y 2ª Clase arriendan o dejan la administración de sus locales a un comerciante preferentemente vinculado a casas productoras foráneas y percibimos que el reparto topográfico de los cines en Caracas se orienta hacia el centro del plano urbano y hacia las comunidades locales.
Efectivamente, en los aledaños de la ciudad, donde surgen nuevas construcciones, se inicia el levantamiento de confortables y modernos cines. Con el mismo nombre, quizá con diferente propietario o administrador, pero de seguro restaurados y sonorizados, se reintegran al circuito caraqueño algunos cines de barrio que desde el trastorno ocasionado por la llegada del sonido, permanecían cerrados. Reforzando estos núcleos locales, junto a los recintos mencionados y a los ya existentes, aparecen nuevos espacios de proyección en el lapso 1936-1940. En la Tabla Nº 3, elaborada según MGDF, reseñamos los treinta cines en actividad para 1940:

Empresario y/o dueño Salas
Nicanor García
América, Dorado y San José
Jaime Moix Antímano
Joaquín Martín Ávila
Mariano Rivera Ayacucho y Boyacá
Weisz y Carriles Baby
Miguel Rodríguez Bolívar
Julio C. Ayala Candelaria y Rex
Luis E. Pérez Capitol
Luis H. Muro Caracas, Coliseo, Continental Principal y Rialto
Juan Villalobos Colón
Pedro González Columbia
Carlos E. Mancera Jardines
Miguel Pulido Metropolitano
A. Fuenmayor y M. Rivera Para ti
Arturo Sánchez Pastora
E. Delgado & Cia Plaza
Muñoz y Rodríguez Príncipe
Hipólito Agrisado Recreo
Pablo Moser Río
Juan Villalobos Royal
Juan Sapene San Juan
Leandro Moreno & Cía. Sucre

Tabla Nº 3: Empresarios y salas de cine en Caracas, 1940

Entre otras cosas, apreciamos en la tabla Nº 3 que para 1940 el Teatro Ayacucho forma un mini-circuito de estreno con el flamante Teatro Boyacá. Observamos también conjuntos conformados por dos o tres cines de barrio. Por su parte, Luis H. Muro -que en 1936 controlaba los locales Principal y Rialto- rige ahora junto a Salvador Cárcel el más importante circuito de cines de estreno, al incorporar a su gerencia las tres salas de la familia Pimentel: Continental, Caracas y Coliseo. Este binomio Cárcel-Muro, al controlar distribución-exhibición, explota en sus locales casi 59% de los 658 filmes estrenados en la ciudad en 1939. A ellos les siguen el Teatro Ávila con 12.6% y los teatros Capitol y Ayacucho con 12.2% de estrenos cada uno.
Vamos, por los momentos, a otra cosa. Dada la carestía de investigaciones sobre la problemática de los cines de barrio, vale la pena detenerse brevemente en ellos. Una revista recientemente hallada, Social Cine, nos permite acercarnos a esos locales que, a causa de la escasez de fuentes y a su poca significación arquitectónica y económica, -mas de gran relevancia cultural- han sido poco estudiados. Aunque el “semanario predilecto en toda Venezuela” (así se presenta) fue fundado en 1938, sólo veinte ejemplares han sido ubicados. Los números hallados corresponden al año 1943 y en cada caso su portada muestra la foto de un comediante cinematográfico en boga, estrella de alguna película próxima a estrenarse en el país.
En principio, la publicación parece dirigida al sector femenino que habita en los barrios caraqueños y su contenido se presenta dividido en tres secciones: amenidades, radiodifusión y cinematografía. Entre las amenidades encontramos sugerencias para las damas al estilo de “Cuide el diseño de sus labios” o las “Maneras de sentarse”; ambos artículos incluidos en el número aparecido en mayo. La sección dedicada a la radiodifusión, divulga los programas de ciertas emisoras, incluyendo un programa sobre cine que la misma revista transmite diariamente por Radio Caracas y Radiodifusora Venezuela. La parte dedicada a la cinematografía incluye trivialidades sobre las estrellas, promueve películas de próximo estreno y abarca la cartelera de diversos cines de barrio.
Este último apartado nos permite acercarnos a la programación de estos recintos y seguir la circulación de los filmes en Caracas. A diferencia de los teatros de estreno, que programan una película a la semana en exclusiva, estos locales cambian su programa casi a diario. Igual que en los cines de estreno, los días lunes, llamados populares, el precio de admisión disminuye a la mitad; en este caso de Bs. 1,00 a Bs. 0.50. Los días domingos y feriados, las funciones Matinal (9:15 a.m.), Vermouth (11:15 a.m.) y Matinée (3:15 p.m.) están dedicadas a la chiquillería. Como en los cines de mayor categoría, los estrenos se realizan los días jueves y/o viernes en la función Noche y, casi siempre, el mismo filme se repone el domingo siguiente en las tandas Vespertina, Intermediaria y Noche. El flujo de las películas entre enero y junio de 1943 nos permite precisar que en los cines de barrio los filmes noveles estrenados en los teatros de primera se programan luego de dos o tres meses de aquellas funciones iniciales, a un tercio del precio de la admisión preliminar (Bs.3  Bs.1).
Dejando a futuras investigaciones el complejo estudio de los aspectos entre el denominado “público cultivado” y “público popular”, retomamos nuestra cronología en 1943, año en que diversos propietarios y/o empresarios de los cines del país se agrupan para institucionalizar su unión a través de la Asociación de Exhibidores Cinematográficos de Venezuela (AECV). Así lo reporta la revista Mi Film en diciembre del mismo año. En la Tabla Nº 4 reseñamos a los miembros de la Junta Directiva de la AECV y los cines que ellos manejan:

Empresarios y/o dueño Junta Directiva Salas
Mariano Rivera, Presidente Ayacucho
Miguel Rodríguez Primer Vicepresidente Bolívar, Catia, Los Rosales
Luis H. Muro Segundo Vicepresidente Principal, Rialto,
Continental, Caracas, Coliseo
Julio Ayala Secretario Rex, Alcázar, Candelaria
Nicanor García Tesorero El Dorado, América
Luis E. Pérez Primer Vocal Capitol
Vicente Blanco Segundo Vocal Paraíso, Ritz, San Juan,
San José, Colón
Joaquín Martín Tercer Vocal Ávila

Tabla Nº 4: Relación Empresarios - Juntas Directivas - Salas

En Caracas, además de los citados, participan otros 14 empresarios que a su vez controlan 16 locales. En el Departamento Vargas encontramos dos exhibidores con tres cines; en el Oriente del país se menciona a la Empresa Murillo y en el Occidente al Circuito Cinelandia. En la Tabla Nº 5, elaborada con base en datos extraídos del Anuario Estadístico de Venezuela de 1945, se aprecia la gran prosperidad del comercio tanto en Caracas como en el resto del territorio. País cuya población asciende a poco más de 4 millones de habitantes (4.093.400), con un promedio de asistencia al cine de casi seis veces en este año.
Caracas Total Nacional

Año Nro. de
funciones Nro. de espectadores Entrada bruta (Bs.) Nro. de funciones Nro. de
espectadores Entrada bruta (Bs.)

1945
31.777
11.464.615
11.075.959
87.182
24.172.544
20.184.269

Tabla Nº 5: Funciones, espectadores y entradas brutas en Caracas en 1945
(Total nacional tomando en cuenta las poblaciones con más de 5.000 habitantes)

Por otro lado, y a pesar de que el cine se encuentra entre los espectáculos más baratos (Bs. O.83, promedio), en la Tabla Nº 6, elaborada con base en la misma fuente oficial arriba citada, reparamos en que la recaudación bruta por entrada en 1945 casi quintuplica el total obtenido por el resto de las diversiones públicas en todo el país. Ello demuestra la extraordinaria y definitiva consolidación del cine como el más importante espectáculo popular de diversión a través de su oferta cultural.


Espectáculo Valor de entradas brutas Bs.
Cinematógrafos 20.184.269
Boxeo 389.640
Toros 1.090.265
Conciertos 38.761
Carrera de caballos 97.133
Base-ball, foot-ball 1.662.516
Otros 1.181.552

Tabla Nº 6: Total Nacional 1945

El cada vez mayor número de cines en Caracas y en el interior del país, la prosperidad ya aludida del comercio y la intención por parte de los empresarios (distribuidores y exhibidores) de fusionarse en grupos institucionalizados para expandir la exhibición y a la vez concentrar sus capitales, se resume en la primera mitad de los años cuarenta a través de tres grandes agrupaciones: C.A. Cines Unidos, Circuito Venezolano de Cines y Tropical Films. Aquí esta el germen de los conjuntos que aún hoy controlan el comercio del cine en Venezuela, país donde las injerencias por parte de capitales de carácter semimonopolistas están sólidamente implantadas. Poderoso caballero es Don Dinero, que diría Francisco de Quevedo.






Notas
(1) Extracto y traducción libre de una sección de la carta fechada en Caracas el 19 de febrero de 1943, misiva enviada por el Secretario Ejecutivo de la Oficina de Coordinación de Asuntos Interamericanos en Venezuela al Embajador de Estados Unidos en nuestro país. Difficulties Encountered by Local Distributors of American Motion Pictures Films in Obtaining Shipments. Colección Archivos Diplomáticos (Actividades de las Repúblicas Americanas) 1940-1943, Doc:4009 RG:590308, Instituto Autónomo Biblioteca Nacional, Caracas.


Bibliografía
Acosta, José Miguel.
(1999a) “El Comercio del cine en Caracas y la producción nacional” en Anuario del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (Ininco), 10: 107-131.

Acosta, José Miguel
(1999b) “Ordenanzas que reglamentan los cines de Caracas entre 1935 y 1945” en Ensayos históricos, Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, 11: 123-148.

Heinink, Juan y Robert Dickson.
1990 Cita en Hollywood: antología de las películas norteamericanas habladas en castellano, Ediciones Mensajero, Bilbao.

Ministerio de Fomento
1945 Anuario Estadístico de Venezuela, Dirección General de Estadísticas, Caracas.

Nazoa, Aquiles
1987 Caracas física y espiritual, Editorial Panapo, Caracas.

Roffé, Alfredo
1962 “El mercado del cine en Venezuela visto por el Departamento de Comercio de los Estados Unidos” en Registro, Caracas, Nº 1: 23-30.

Roffé, Alfredo.
1999 “Políticas y espectáculo cinematográfico en Venezuela”. En Panorama histórico del cine en Venezuela (T. Hernández, coord.), Caracas, Fundación Cinemateca Nacional: 245-268.

Segnini, Yolanda
1990 Los caballeros del postgomecismo, Alfadil Ediciones, Colección Trópicos Nº 30, Caracas.

Sueiro, Yolanda.
2002 “Pictura loquens: evolución del sonido cinematográfico y repercusión en las exhibiciones de cine en Caracas, Venezuela”, Secuencias (Revista de Historia del Cine), Instituto de Ciencias de la Educación, Universidad Autónoma de Madrid, Nº 15.


RESUMEN

La expansión de los cines en Caracas y el propósito de fundir los capitales de la distribución y exhibición se manifestó en algunos empresarios de las salas caraqueñas de estreno desde finales de los años veinte. Este proyecto sufrirá un revés con el deceso de Juan Vicente Gómez en 1935, ya que entre los miembros de las empresas que controlan el comercio del cine se encuentran personalidades cercanas al gobierno gomero. A partir de 1936 nuevos capitales privados se interesan en el comercio del cine, implantándose entre los comerciantes cinematográficos estrechos vínculos en las dos ramas del trajín (distribución-exhibición). Dicho proceso se institucionaliza en la primera mitad de los años cuarenta a través de tres grandes agrupaciones que constituyen el germen de las empresas que aún hoy controlan el comercio del cine en Venezuela.

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